Hoy llueve a cántaros en Santiago y yo, como me gusta luchar contra los elementos, salí como todas las mañanas en bicicleta al trabajo. Los primeros dos kilómetros todo perfecto, pero ya al aparecer las primeras pozas gigantes me topé con cosas que no había previsto.
Primero que nada, antes de salir me equipé con unos pantalones de snowboard y una parka impermeable, lo que no preví, fue que al pasar por las pozas, el agua que desplazan las ruedas cae directamente sobre las zapatillas, lo que hizo que al momento de llegar a mi destino sintiera que tenía cada pie dentro de una pecera.
El resto del equipamiento resistió bastante bien, yo estaba seco por dentro y tengo siempre un cambio de ropa en el trabajo para cualquier eventualidad.
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